Un viejo leñador, cansado de su tarea de buscar leña de la mata, invoca dos veces la muerte. Cuando ella aparece, el leñador se arrepiente y dice haberla llamado sólo para pedir ayuda para colocar la leña sobre la espalda:
- Un pobre leñador, vergado por el peso de los años y de la leña, que a la espalda traía, caminaba gimiendo, en el calor del día, sintiendo por sí mismo el más cruel desprecio.
- El dolor, por fin, fue tanta que él hasta paró y, poniendo al suelo su fardo, se puso a reflejar:
- Que alegrías hubo tenido en su pobre existir? Tras tanta vida, algún placer le restó?
- Hube Faltado, a veces, pan; descanso, nunca hube habido;
- Los hijos, la mujer y el cobrador, a la espera;
- El impuesto y la cara fea del soldado…
- Él era un infeliz, completo y acabado!
- Pensando en esa falta de alegría y suerte, llamó en su auxílio la muerte.
- - "Vosmecê me llamó, y yo vine. Ahora venga."
- - "Sólo te llamé para ayudarme con la leña…"
La muerte todo lo cura; pero bien estamos aquí: antes padecer que morir